Descubre las esculturas del Niño Jesús de Praga: símbolo de protección, confianza y bendición. Figuras talladas que reflejan una tradición de fe viva.
El Niño Jesús de Praga en su forma original es una estatua de cera de 48 cm ubicada en un altar lateral de la Iglesia de Santa María de la Victoria en Praga.
Según la tradición, la estatua fue hecha en España, en un pueblo entre Córdoba y Sevilla, por un monje devoto que tuvo varias apariciones de un hermoso niño. Al reconocer que se trataba del Niño Jesús, deseó verlo nuevamente. Años después, el Niño le volvió a aparecer y le dijo: “Haz una estatua de cera basada en mi apariencia”.
El monje obedeció y, mientras trabajaba, el Niño divino se colocó frente a él, permitiéndole reproducir con precisión sus rasgos. Al terminar, se arrodilló lleno de humildad y lágrimas. Jesús le dijo: “Esta imagen no es para ti. Dentro de un año, vendrá Isabella Manrique de Lara y Mendoza y la comprará. Luego se la regalará a su hija María, quien la llevará a Bohemia. En Praga será muy venerada”.
Así ocurrió. En Praga, la estatua fue símbolo de misericordia, paz y caridad. Según la profecía, el Niño Jesús sería invocado en todo el mundo durante momentos de necesidad y emergencia.
El culto al Niño Jesús de Praga se fortaleció gracias a muchos milagros. La iglesia es aún hoy lugar de peregrinación para miles de fieles. Muchos rezan novenas o le dirigen sus súplicas en tiempos difíciles.
Desde el siglo XVIII se mantiene la tradición de vestirlo con ropas preciosas; su vestuario cuenta con más de 70 trajes donados desde todo el mundo.
Las réplicas de la estatua comenzaron a realizarse en el siglo XIV, principalmente talladas en madera. Con el tiempo, también se usaron cera, marfil y bronce. En Val Gardena, el Niño Jesús de Praga sigue siendo tallado a mano en madera como parte de la tradición artística alpina.